Extra Extra, ¡Semana Extra!

¡Cambio de planes! Aunque no lo supiérais estaba previsto estar 2 semanas en la ciudad de Chiang Mai y alrededores y después bajar hacia el sur. Por una parte nos lo tomamos con calma y nos damos margen para visitar los lugares sin una agenda fija, por otra parte cuando llevas 15 días en un lugar ya eres capaz de conocerte el mapa de la ciudad, te llega información de primera mano de los sitios imprescindibles a los que ir, cómo debes hacer las cosas si quieres conocer en tu propia piel cómo viven los autóctonos, etc. Improvisar es lo que tiene, descubrir, acomodarse, conocer un lugar y saber el provecho que se le puede sacar aunque nunca sea el máximo, siempre hay rincones que se te escapan y otros que llegan tarde a tus oídos y que podrían ser de tu agrado. Por eso nos quedamos. Porque llegamos sin saber qué hacer, a dónde ir, ni qué visitar pero tras dos semanas con calma hemos descubierto lugares, nos han recomendado, hemos valorado y apreciado ciertos sitios que hacer y cómo vivir.

Así que la decisión es retrasar la partida hacia el sur. Se pretende estar a finales de este mes para acudir al festival vegetariano de Phuket, cuyo nombre engaña una barbaridad.
Venga pues, cogemos la moto para ir donde la alquilamos y lejos de devolverla la pedimos por una semana más, lo mismo que hicimos con la casa. Volvemos a empezar, una semana en Chiang Mai esta vez siendo muy conscientes del tiempo del que disponemos y todo lo que hay por ver.
Primer punto del día, enmendar un error que llevamos repitiendo días, cambiamos todo el dinero que traíamos en euros a bahts en lugar de sacar del cajero cada dos o tres días mientras espera un camarero por nosotros y encima con comisiones del banco.

Siguiente punto a investigar: tattoos, madres no os asustéis. Nos informamos de los símbolos tailandeses (yant), los que contienen sutras budistas que te protegen. Estos en concreto los tatúan maestros con una caña de bambú y no la aguja automática moderna.
Siguiente parada, con una semana vista esta vez queremos mantener una dieta más variada y no siempre alimentarnos a base de huevo, noddles, pollo y arroz. Vamos al mercado diurno, lo que nos ha hecho sentir en nuestra zona de confort, hemos encontrado lo que llevábamos tiempo buscando, así como lo hacen los propios tailandeses, los que viven aquí, los que saben. Tenemos fruta, verdura, y lo más increíble, ¡patataaaas! Que a excepción de fritas no hemos visto de ninguna otra manera y cómo las necesitábamos para sentir una migaja de nuestra casa a 13.000 km de distancia.

Para acabar repetimos mercado nocturno, algo muy bonito de ver que en la anterior visita disfrutamos poco porque llegamos cuando cerraban muchos puestos.  Es un mercado con productos artesanos, ropa, lámparas, amuletos, telas tailandesas de gran calidad y muy bajo precio, puestos de comida riquísima y barata, con muchos ganchos que nos han hecho picar, aunque sigue siendo poco dinero a pesar del gran valor que pueden tener. En las siguientes fotos os mostramos la comida, el regateo con calculadora constante y nuestra compra, todo por 1.200 bahts, 31,5€.

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Lo que querríamos transmitir es el estilo de vida tailandés. El trabajo es su casa, tanto que en el puesto de comida de Bangkok puede haber un coche dentro del garaje, en un templo de Chiang Mai una televisión encendida para entretener al que espera las propinas o niños muy pequeños que están hasta tarde con sus padres en el mercado del domingo por la noche en Chiang Mai. Realmente llama la atención ver a taxistas durmiendo en sus coches de madrugada hartos de esperar a turistas que reclaman a bozinazo limpio, mujeres durmiendo a las 15 del mediodía en su puesto de comida, o niños jugando encima de los pañuelos para recoger su avión de papel, y niñas entretenidas con peluches esperando que sus padres recojan la paradita.

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No sabemos cómo interpretar esto, trabajan mucho y toda la familia al parecer, todo por el turismo. De hecho mientras tomábamos algo Alana ha hecho una reflexión interesante: en todos los lugares en los que hemos ido a tomar algo el jefe solía ser un hombre de entre 50 y 60 años e inglés normalmente. Ha dicho que debe ser frustrante ver que en tu propio país los que “mandan” o disfrutan del dinero son otra gente, farang o extranjeros para ellos, y creo que ha sido una apreciación muy cierta, así se sentiría cualquiera.

Os dejamos con esta pequeña reflexión sobre Tailandia así como la vemos según lo que nos muestra, porque toda cinta siempre tiene su cara B que seguiremos investigando y trasmitiéndos.

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