(Vídeo) Viaje en moto hacia las alturas.

Libertad que hace sentir la melena al viento, un casco y unas gafas de sol,  con mochila a la espalda y ya llegaremos a algún lugar. Excursioncita para el body. Salir a que nos dé un poco el aire y perdernos buscando un lugar al que no llegar, pero no pasa nada, de ahí no se va a mover, tenemos una segunda oportunidad siempre que la queramos. Culpa de este texto ha sido de Hovik, monologuista, boxeador y poeta al que acabamos de escuchar para dejar a nuestros cerebrines descansar de tanto montar vídeos, el que nos ha llevado a delirar un poco como unos locos.

¡Bendita locura!

Gracias por leernos y deseamos que os guste el vídeo. Porque aunque una imagen vale más que mil palabras, descontextualizadas no se terminarían de entender, he aquí la razón del texto, que encontráis a continuación.

 

Hemos cogido la moto hacia un parque natural de Chiang Mai cercano a casa. Con pronósticos meteorológicos de lluvia y sin suficiente gasolina esperanzados en encontrar una gasolinera donde repostar,  sino terminaríamos antes la excursión y arreando que es gerundio. Al fin y al cabo tenemos días como panes, se prueba y a ver qué sale del intento.

Cuando llegamos al último pueblo al que nos permitía llegar el carburante va Alana a preguntarle a un hombre dónde podríamos ponerle gasolina a la moto, pues justo resulta que ese genio de la lámpara tenía todo tipo de combustibles a la venta almacenados en botellas de whisky. Nos puso casi 2 litros de 91, nos cobró 80 bahts y llegó la aguja del indicador a la mitad; en una gasolinera por 100 bahts llenamos el depósito entero. No hay quejas, al fin y al cabo 2€ de gasolina nos permiten realizar nuestra salida.

El vendedor ambulante estaba en Doi Suthep, donde está el “Wat (templo budista) Phrathat”.  Aunque esta vez no paramos tenemos fotos de una visita anterior, en la que por cierto nos colaron el hecho de tener que pagar entrada por ser extranjeros (farang en tailandés) cuando había un acceso secundario donde no se exigía ticket para entrar.

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Muy bonito el templo aunque todavía no entendemos bien los ritos que se hacen en él. Tras sentir tal desapego con la cultura de aquí nos compramos unas camisetas en los puestos que hay en el exterior del templo, regateando por supuesto, 300 bahts 3 camisetas, 7’5€ en total: ¡bueno, bonito y barato! Son las que se secan más rápido al tender la colada.

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¿Qué le dice una sábana tendida moviéndose sin parar a otra?
– ¡Que se me va la pinza!

Pasado este pueblo vamos al siguiente,  en el que está el Bhuping Palace. No lo hemos visitado porque siempre que hemos ido nos ha entrado el hambre y la verdad es que en cada ocasión hemos comido de lujo y barato en los locales de los alrededores. Esta vez por 300 bahts en total, de nuevo como el precio de las camisetas, 7’5€ a dividir entre dos, con 4 platos,  bebidas y café todo para llevar. Es curioso como la lengua de signos es internacional, podemos hablar en castellano, catalán o inglés que al final nos entienden por lo que decimos con las manos. Nos ha hecho gracia conocer un gesto para decir “Take Away”, para llevar.

En Tailandia cuando pides comida e incluso bebida para llevar te la guardan en pequeñas bolsas de plástico transparente, si quieres un refresco te lo servirán igual sin olvidarse de colocar cubitos de hielo en la bolsa y una pajita a juego. Así que, con la mochila llena de bolsas con comida (dentro de cajas de poliespan por gentileza del camarero) y algunas latas en los compartimientos frontales de la moto, que se cayeron todas con el traqueteo de los baches en la carretera, seguimos montaña arriba para adentrarnos más en el parque natural. De camino pasamos por Doi Pui, un pequeño pueblo con muchas paraditas que recorrimos en moto buscando un camino que no estaba allí. La vez anterior que lo visitamos sirvió para que Alana se comprase los pendientes que vuelve a utilizar después de 2 años, cuyos agujeros volvió a abrir con un palillo en un bar de Bangkok (cosa que Alba no tuvo reparo en ayudarle encarecidamente), cosas que se te ocurren en Tailandia. Los pendientes de plata costaron menos de 4€.

Finalmente salimos del pueblo tomando la dirección correcta tras ser indicados por un thai muy amable en inglés. Llegamos a un mirador donde veíamos el pueblo en la falda de la montaña, a nuestros pies.13102014-_DSC4830Por la hora, el hambre y el factor importante de bancos para sentarnos y comer, paramos a comprobar lo buena que estaba la comida y como cada vez sabemos escoger mejor. Sin picante, chili, ni nada que se le parezca, para evitar engullir un plato para aliviar el ardor de otro.

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Después de comer conocimos una pareja de barceloneses muy simpática; venían de Camboya y nos recomendaron visitar Siem Reap, concretamente el templo Ankor Wat donde se rodaron escenas para Lara Croft. Si nos leéis agradeceríamos un comentario vuestro, seguro que vuestro estilo improvisado os ha llevado a conocer otros lugares diferentes a los nuestros. ¡Un saludo!
Para terminar,  en el mirador había un hombre lanzando flechas a unos cocos con ballestas artesanales, nos gustó y quisimos probar puntería.

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